Learning to thrive in the new life Jesus offers us – 2 Corinthians 5:16-17

El Oprobio de la Mujer Anónima en el Antiguo Testamento

The Shame of the Unnamed Women

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Siempre me ha irritado leer un relato en el Antiguo Testamento donde presentaban a una mujer a quien no se le daba un nombre. La esposa de Manoa, la hija de Jefté, la madre de Miqueas y muchas otras mujeres son identificadas sólo por su relación con el hombre que sí es nombrado, usualmente un marido o un padre. ¿Por qué los autores del antiguo Testamento obviaron los nombres de algunas mujeres bíblicas? ¿No eran estas mujeres suficientemente importantes para ser nombradas?

Patriarcado, Honor y Vergüenza 

En la sociedad occidental el individualismo es valorado y cada uno de nosotros tiene un nombre – o más de uno- que nos identifican de manera particular. Es común que llevemos con nosotros algún tipo de tarjeta que contenga información única de identificación. Esta tarjeta de identificación incluye a menudo una foto. La foto de nuestros documentos no es una postal familiar. En la cultura del Antiguo Medio Oriente, en tiempos del antiguo Testamento la mayoría de la gente no tenía “identidad propia”. Su identidad estaba ligada a la pertenencia a una familia y clan. Todos, pero especialmente las mujeres, dependían de sus familiares para recibir sustento y protección y en ocasiones para su misma supervivencia. Del mismo modo estas personas dependían de su familia, especialmente del patriarca de la misma, para tener una identidad. Agravando esta dinámica estaba la idea culturalmente construida del honor del hombre y la vergüenza de la mujer.

 En el mundo del Antiguo Testamento (y en otras culturas) el honor era la fuerza subyacente que motivaba y regulaba el comportamiento social. Sólo los hombres  eran considerados portadores del honor y sólo ellos podían comprometerse públicamente en acciones intrépidas y valientes que les permitieran aumentar el nivel de honor de la familia. La mujer por otro lado era vista como una potencial fuente de vergüenza por lo tanto debía comportarse de manera quieta y modesta. Sobre todo, ellas debían pasivamente proteger  el honor del patriarca y de la familia  a través de la castidad sexual. Muchos pasajes del Antiguo Testamento nos muestran que la virginidad y la belleza eran los atributos más preciados en una joven casadera y la exclusividad sexual y la fertilidad en las casadas. En lugar de honor o reconocimiento público una mujer virtuosa  tenía un profundo sentimiento de vergüenza o pudor.  La vergüenza era considerada una virtud en la mujer. Por el contrario una mujer sin pudor se la consideraba desvergonzada. De acuerdo con este concepto de pudor a muchas mujeres no se les dio una identidad pública en la Biblia y sus nombres fueron obviados.

No más Vergüenza

Los relatos del Antiguo Testamento son andro-céntricos porque fueron escritos por hombres desde una perspectiva masculina en la cultura patriarcal del Antiguo Oriente Medio.  En el marco de varios pasajes  podemos tener una visión de la dinámica honor-vergüenza  en la sociedad patriarcal del Israel antiguo, donde la mujer no tenía las mismas libertades sociales que el hombre.  Sin embargo ningún autor del Antiguo Testamento ha afirmado jamás que la formula patriarcal honor-vergüenza sea el ideal de Dios para la sociedad.  La biblia muestra más bien que el gobierno del hombre sobre  la mujer, tanto como la vergüenza, es una consecuencia directa de la entrada del pecado en el mundo.

Los capítulos 1 y 2 de Génesis nos hablan de los tiempos antes de la caída, antes de que el pecado entrara en el mundo. Génesis 1 nos dice que ambos, hombre y mujer fueron hechos a imagen de Dios (Gen 1:27 cf. Gen. 5:1-2). Como portadores de la imagen de Dios hombre y mujer compartían la dignidad y el honor que implicaba reflejar esa  divinidad. En el capítulo 1 también nos dice que el hombre y la mujer juntos fueron creados para gobernar la creación (Gen 1:26 – 28).  Aquí no dice que sólo el hombre, y no la mujer, fue creado para gobernar. Además no nos dice que algunos humanos fueron creados para gobernar sobre otros humanos. Más bien hombre y mujer eran los encargados de gobernar y cuidar los  animales y la tierra.

Significativamente en Génesis capítulo 2 hombre y mujer están desnudos y no sienten vergüenza    (Gen 2:25). La vergüenza vino después de la caída. El hombre empezó a dominar a la mujer después de la caída. El sistema patriarcal de honor-vergüenza  llego con la caída  y es una consecuencia directa del pecado, pero no era el ideal.

Aunque el pueblo de Dios vivía en la sociedad patriarcal, el trato de Dios para con ellos no estaba limitado por la cultura. Por ejemplo, Dios no necesariamente usó padres o maridos como mediadores de su palabra para las mujeres. Dios habló directamente o uso mensajeros angelicales (Ej. Rebeca en Gen 25:22-23 y Agar en Gen 16:7 – 13). Y a pesar del patriarcado, Dios en algunas ocasiones usó mujeres para hablar a hombres en su nombre (Ej. Debora en Jueces 4:6, Hulda  en 2°Crónicas. 34:23 y la mujer llamada a lamentarse en Jeremías 9:17-22)

La biblia nunca habla de la mujer como una potencial fuente de vergüenza, poco inteligente,  crédula, desprejuiciada sexualmente, inferior o menos honorable que los hombres. De hecho la Biblia dice muchas cosas buenas acerca de la mujer. En el Antiguo Testamento muchas mujeres son descriptas como sabias, inteligentes, valientes, resueltas y  decididas. Las mujeres de la biblia funcionaron como profetas, maestras, visionarias, líderes, libertadoras e incluso como heroínas. Considerando la cultura de los tiempos bíblicos es notable que muchas mujeres son mencionadas, y que a muchas de esas mujeres se le diera nombre. Dos libros del Antiguo Testamento incluso llevan nombres de mujer: Rut y Ester.

Excepto por unas pocas mujeres bíblicas – algunas  con nombre y otras anónimas-  ninguna de las demás encajan en el estereotipo de mujer silenciosa y tranquila. Varias  devotas mujeres bíblicas desafiaron su cultura, desafiaron autoridades y aún así no hay en la Biblia una pizca de censura sobre sus acciones.

Identidad de la mujer sin nombre

Varias mujeres del Antiguo Testamento, lejos de ser pasivas, están entre los  protagonistas de ciertos relatos del mismo. Esas mujeres tomaron la iniciativa y actuaron independiente y valientemente en situaciones significativas. Mientras  algunas de estas mujeres no son nombradas, ellas en la actualidad no están sin identidad.  Fueron identificadas simplemente de la manera que lo entendía la cultura de aquellos tiempos.

También es necesario considerar que, en tiempos bíblicos,  una persona era  identificada, según la idea  masculina, con su lugar de residencia o pueblo. Así pues, la prominente mujer de Sunem (2° Reyes 4:8) la mujer sabia de Abet Bet Maaca (2° Samuel 20:16) y la sabia mujer de Tecoa (2° Samuel 14:2) todas ellas son identificadas con los nombres de sus pueblos.

Quizás la identificación más importante de las mujeres anónimas del Antiguo Testamento son sus historias – historia que tienen un significado duradero y que va más allá de un nombre). A través de sus historias vemos espiritualmente a mujeres astutas que tuvieron encuentros con la Divinidad (Ej. la madre de Sansón) mujeres de admirable dignidad, piedad y fortaleza de carácter (como la hija de Jefté) mujeres que fueron valientes (como la mujer de Baruj), mujeres con una fe comprometida (como la madre de Miqueas) y mujeres cuyas palabras serán recordadas en las Escrituras (como la Madre del Rey Lemuel).

A través de nuestros ojos occidentales, las mujeres sin nombre pueden parecer sin importancia – o bien, no suficientemente importantes como para darles un nombre- y fácilmente   pasamos por alto su contribución a la historia de Israel  y a la historia de Dios. Los escritores de la biblia, quienes hayan sido, se dieron cuenta que Dios usó a algunas mujeres individualmente, y que las acciones y palabras de estas mujeres fueron notables e importantes, tan importantes que ellos incluyeron sus historias en las sagradas Escrituras. Ya no estoy molesta por no conocer los nombres de mujeres bíblicas tan significativas porque puedo darme cuenta que ellas fueron reconocidas e identificadas de acuerdo a la cultura de aquellos tiempos.

Dios  continúa usando mujeres y hombres como individuos.  El  está usando todo tipo de gente, la común y la extraordinaria, y dentro de nuestras propias múltiples fallas culturales está creando nuevos relatos donde  puede revelar su gracia y compasión y traernos su justicia y liberación. Parte de nuestra historia debe ser influenciar positivamente las culturas, incluyendo la propia y demostrar y promover un Nuevo Pacto de igualdad, compasión y justicia para todas las personas sin importar razas ni género.

Nosotros no conocemos los nombres de muchos de los hombres y mujeres a quienes Dios ha usado a través de la historia y continua usándolos a través del mundo, pero Dios conoce sus nombres. Como sea en nuestra cultura, nos gustaría conocer la identidad – nombres y caras – de estas personas. ¿Estamos activamente identificando a las mujeres que Dios está usando  en servicio vital en estos tiempos?  Tanto como somos motivados por la fe, con la iniciativa y el valor de las mujeres nombradas y anónimas del Antiguo Testamento, nosotros deberíamos estar identificando  a las mujeres que ministran hoy en día  y contar sus historias.

© Margaret Mowczko.  A version of this article was first published in Mutuality, Summer 2013, Volume 20, Issue 2, pp7-9.  The image in this post was taken from the Mutuality article.  Mutuality is published quarterly by Christians for Biblical Equality International.  Traducción al Español de Marlene Patricia Dorigoni Velásquez

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